
¿Cómo aprendimos sobre nuestros cuerpos? ¿Quiénes nos hablaron –o no nos hablaron– de sexualidad, decisiones reproductivas y autonomía? ¿Qué cambió entre generaciones y qué cosas siguen siendo difíciles de nombrar?
Esas preguntas dieron origen a Esta vez en voz alta: distintas generaciones, la misma conversación, una campaña de Corporación Humanas que reúne cinco testimonios de mujeres con trayectorias, edades y contextos distintos. Historias sobre el cuerpo, el miedo y aquello que muchas aprendieron solas, tarde o por otros caminos.
Las entrevistadas tienen poco en común a primera vista. Una estudiante universitaria, una médica obstetra, una mujer migrante, una artesana de 63 años y una directora de una organización de la sociedad civil vinculada a la defensa de los derechos reproductivos. Pese a sus diferencias, todas terminaron encontrándose en una misma conversación.
«¿Aborto? Eso se sabía desde chiquita. Que era una palabra horrible y que algunas lo podían hacer», recuerda Mariana Santibáñez desde su taller de títeres en Pedro Aguirre Cerda. Tiene 63 años y creció en una época en que hablar del cuerpo era tabú. Para informarse iba a la biblioteca. Cuando preguntó por anticonceptivos en el consultorio, le dijeron que volviera después de tener su primera relación sexual. «Los métodos eran toscos. Porque no teníamos idea de nada», cuenta.
Cuatro décadas después, Ignacia Moraga, estudiante de periodismo de 22 años, reconoce que muchas cosas han cambiado, pero otras persisten. «Ninguna familia de mis amigas se sentó a hablar de educación sexual. Las redes sociales fueron un pilar fundamental para saber de estos temas», dice desde el patio semivacío de la universidad.
Desde otra vereda, Sirle Ortega relata cómo fue enfrentar la maternidad lejos de su país. Llegó a Chile desde Bolivia después de vivir situaciones de violencia machista. «No respetan tu palabra. Pasas desapercibida. Por la violencia que sufrí tuve que salir del país”, cuenta. Ya en Chile enfrentó un nuevo embarazo sin su familia ni sus redes de apoyo cerca. «Sí, sentí miedo. El miedo de pasar sola mi embarazo», afirma desde el living de su casa.
En el Hospital San José, la obstetra Marcela Caro ha visto otra cara de esa misma historia. Participó en la implementación de la Ley IVE desde sus inicios y lleva años acompañando a mujeres que muchas veces llegan sin información sobre sus derechos. «Muchas pacientes lo primero que te dicen es que no sabían que existía la ley», relata. Ella insiste en que tres causales no bastan. Lo ha visto una y otra vez en la consulta.
Javiera Canales, directora ejecutiva de Corporación Miles, acompañó a mujeres que quedaron embarazadas tras consumir anticonceptivos defectuosos distribuidos por el Estado. Muchas llegaron pensando que era su culpa. Otras ni siquiera sabían que tenían derecho a reclamar. Seis años después, las acciones judiciales asociadas al caso siguen en curso.
Producir esta campaña implicó también enfrentar el contexto en que se inscribe. Conseguir que mujeres hablen públicamente de aborto, de sus cuerpos y de sus decisiones en un momento en que estos temas tienen escasa prioridad en la agenda pública requirió tiempo, escucha y confianza.
Aunque crecieron en épocas distintas, las historias terminan encontrándose. Porque hay cosas que cambiaron. Otras que siguen costando decir. Esta vez en voz alta reúne esas experiencias para que la conversación no termine en una sola historia, ni en una sola generación.