
La seguridad se ha instalado como la principal preocupación de la ciudadanía durante el último tiempo, y justamente este nuevo ciclo político ha comenzado con la promesa de reducir la inseguridad. Sin embargo, ¿de qué hablamos cuando hablamos de seguridad?
Los resultados de la Encuesta de Percepciones de las Mujeres sobre sus Condiciones de Vida y el País 2025, realizada por Corporación Humanas y el Observatorio de Género y Equidad ofrecen una radiografía clave del país para ampliar esta discusión desde la experiencia de las mujeres.
El carácter estructural de la violencia también se proyecta en el entorno digital. Las redes sociales son percibidas como espacios de desinformación (76%) y hostigamiento hacia las mujeres (63%), muchas veces orientadas a silenciar sus voces y restringir su participación en el debate público. En un contexto de expansión tecnológica, avanzar en políticas de seguridad digital no es accesorio: es una condición para garantizar la democracia donde las mujeres puedan participar libremente.
Hablar de seguridad es también hablar de salud sexual y reproductiva. Según la encuesta, un 48% de las mujeres está de acuerdo con permitir el aborto sin causales hasta las 14 semanas, lo que da cuenta de una demanda social relevante en materia de autonomía reproductiva. Porque decidir sobre el propio cuerpo también es una condición básica de seguridad: sin autonomía reproductiva no hay libertad real y sin libertad no hay seguridad posible. La seguridad, en este sentido, también es justicia social.
Reducir la seguridad al control del delito no solo es insuficiente, sino que invisibiliza las múltiples formas en que la violencia afecta la vida de las mujeres. La seguridad es poder vivir sin violencia en todos los espacios, es contar con condiciones laborales dignas, es participar sin miedo en entornos digitales y es decidir libremente sobre el propio proyecto de vida.
El desafío para las políticas públicas en este nuevo ciclo político es claro, se trata de incorporar esta mirada integral de la seguridad. De lo contrario cualquier otra estrategia que se impulse seguirá siendo parcial y dejará fuera la experiencia cotidiana de más de la mitad de la población.
Por Jennifer Alfaro, Coordinadora de Estudios y Litigio Estratégico y Javiera Ramírez, socióloga de Corporación Humanas