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	<title>mujeres y trabajo &#8211; Humanas</title>
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	<description>Corporación Humanas Centro regional de Derechos Humanos y Justicia de Género</description>
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		<title>Pandemia y salud mental en las mujeres: “Estamos tan sobrecargadas que sentimos que no estamos siendo ni buenas madres, ni buenas hijas, ni buenas trabajadoras, ni buenas mujeres”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fabiola Gutierrez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Mar 2021 15:06:43 +0000</pubDate>
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<div id="google_ads_iframe_/124506296/La_Tercera_com/LT_interior/interior_160x600_0__container__" style="text-align: justify;"><b>En febrero de este año los medios internacionales informaron que en Japón, contrario a la tendencia que había marcado esta última década, existió durante el 2020 un aumento (casi de un 15%) en los suicidios entre mujeres.</b> Tan solo en octubre, como informó la BBC, la tasa de suicidios femeninos en el país dio un salto de más del 70% comparado con el mismo mes del año anterior. Si bien los especialistas locales hablaron de un ‘patrón inusual’, identificaron dentro de las posibles causas la pérdida de trabajo, la sobrecarga y la precarización laboral.</div>
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<div>La Organización Mundial de la Salud empezó a advertir en mayo del 2020 que la pandemia tendría como consecuencia un aumento en los trastornos psicológicos y suicidios, e informaron en cada oportunidad la importancia de que los gobiernos mundiales consideraran dentro de sus planes de acción la salud mental con enfoque de género. <b>Y es que ya en los primeros meses se puso en evidencia que frente a una situación de crisis, serían nuevamente las mujeres las que se verían mayormente afectadas en todo sentido.</b> En agosto del 2020 el estudio <i>Covid-19 and the Gender Gap in Work Hours</i> demostró que en parejas heterosexuales con hijos menores a los 13 años, en las que ambos tenían un trabajo de condiciones similares, fueron las madres las que redujeron sus jornadas laborales cuatro a cinco veces más que los padres, aumentando así de un 20% a un 50% la brecha de género en la cantidad de horas dedicadas al trabajo remunerado.</div>
<div></div>
<div>A esto se le sumó el aumento, por lo contrario, de las horas dedicadas a las labores domésticas y de cuidado. <b>La </b><i><b>Encuesta de Empleo</b></i><b> del Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, en la que se examinó la distribución del trabajo en los hogares durante la pandemia, reveló que el 38% de los hombres en familia había dedicado cero horas semanales a realizar tareas domésticas.</b> Además, en hogares en los que hay hijos menores a los 18 años, el 71% de los padres dedicó nuevamente cero horas al acompañamiento en tareas escolares. Mientras que las mujeres, por ejemplo, dedicaron 14 horas semanales más que los hombres al cuidado de niños menores de 14 años.</div>
<div></div>
<div>Lo que han perdido las mujeres, más allá de lo material (no olvidemos que según cifras entregadas por ComunidadMujer en septiembre del 2020, durante ese año, del 1.837.000 personas que habían perdido su trabajo, 899.000 fueron mujeres, y de ellas un 88% se salió de la fuerza laboral y no estaba optando por buscar trabajo), es aun poco cuantificable. No se trata únicamente de los índices de inactividad, que por cierto, según explica la Directora de Estudios de ComunidadMujer, Paula Poblete, significan un retroceso de una década en términos de igualdad de género. Se trata de todo lo intangible e inabordable que eso implica, como la pérdida de pertenencia, de trascendencia y el estar relegadas únicamente al espacio privado. <b>Y es que en nuestra sociedad son las mujeres las que se hacen cargo de las labores domésticas y del cuidado –de toda la familia, no solo los hijos–, y esta demanda aumenta notoriamente en momentos de crisis. </b>Porque en muchos casos terminan siendo el barómetro emocional de la familia, las que contienen y cuidan al resto frente a la adversidad<b>,</b> siendo que en una familia en la que se distribuyen los roles equitativamente, esta labor la podría cumplir un hombre.</div>
<div></div>
<div>Como explica la psicóloga de Corporación Humanas, Victoria Hurtado,<b> </b>las mujeres no solo viven el temor que todos viven ante esta situación desconocida, sino que por el rol que se les ha asignado socialmente –y que se espera que cumplan– son también las que se hacen cargo de los demás.<b> </b>“No solo sufren por sí mismas, si no que también sufren por los otros miembros de la familia y eso provoca un desgaste asociado, además de lo que implica realizar labores de cuidado y doméstico y no realizar uno remunerado, si es que ese es el caso. Si es que siguen realizando trabajo remunerado, tener que hacerlo en casa con todos ahí, es sumamente difícil. Si ya era difícil separar la jornada antes, ahora lo es más aún”, explica. <b>“Las mujeres están respondiendo a las necesidades de hijos, parejas, al funcionamiento del hogar y eso genera tensión, preocupación, desgaste y tiene un impacto grande. Padecemos por nosotras y por el resto”.</b></div>
<div></div>
<div><span>En agosto del año pasado el Minsal empezó a levantar información respecto a cómo estaba afectando la pandemia en términos de salud mental. </span><b>El sondeo reveló que si bien la mitad de los encuestados creía que su ánimo estaba ‘peor o mucho peor’ que antes, el desgaste era mayor en las mujeres que en los hombres. </b><span>Dentro de los ítems disponibles para que los encuestados consultaran, un 65% preguntó por síntomas ansiosos y un 9% por ideas o intentos suicidas, y las que más consultaron fueron mujeres entre los 34 y 45 años.</span></div>
<div></div>
<div>Y es que como explica Victoria Hurtado, son ellas las que además de los trabajos habituales, se están haciendo cargo de la educación a la distancia. “Si ya en una situación sin pandemia las mujeres estábamos posicionadas en un lugar subordinado, ahora estamos peor. No olvidemos que según la encuesta <i>Percepciones de las mujeres sobre su situación y condiciones de vida en Chile</i>, 9 de cada 10 mujeres se siente discriminada en Chile. La discriminación sin duda provoca malestares específicos y eso redunda en la salud mental”, explica.</div>
<div></div>
<div>Como explica la psicóloga especialista en género de CIDEM, Claudia Hurtado, <b>cuando realizamos multitareas, también nos quedamos con la sensación de que ninguna está bien hecha. “Estamos tan sobrecargadas que sentimos que no estamos siendo ni buenas madres, ni buenas hijas, ni buenas trabajadoras, ni buenas mujeres. </b>La sobre exigencia a la que nos enfrentamos constantemente afecta nuestra propia valoración”, explica. “Como dice la psicoanalista Esther Perel, la pérdida que estamos experimentando es una pérdida a escala masiva, ambigua e intangible. Eso quiere decir que estamos viviendo un duelo, y los duelos se visibilizan y se lloran”.</div>
<div></div>
<div>Pero eso nos cuesta. Como explica Victoria, las mujeres postergamos la resolución de nuestros propios malestares en función de priorizar al resto. “No porque seamos particularmente buenas, sino que eso es lo que se espera de nosotras; es el rol que se nos ha asignado y que la sociedad nos ha determinado a cumplir.<b> </b>Y muchas lo asumen y desarrollan con la naturalidad de que así son las cosas”.</div>
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		<title>La culpa que sentimos por ser buenas en el trabajo: “Ocupamos un lugar que no es el socialmente asignado y esperado para nosotras”</title>
		<link>https://www.humanas.cl/la-culpa-que-sentimos-por-ser-buenas-en-el-trabajo-ocupamos-un-lugar-que-no-es-el-socialmente-asignado-y-esperado-para-nosotras/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fabiola Gutierrez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Mar 2021 12:18:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[destacados]]></category>
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<p class="paragraph ">En el artículo <i>Why do Successful Women Feel So Guilty?</i> (¿Por qué se sienten tan culpables las mujeres exitosas?) publicado en el medio estadounidense The Atlantic, la Presidenta de Bernard College, Debora Spar, relató la visita de dos líderes empresariales –la economista Sheryl Sandberg y la abogada y politóloga Anne Marie Slaughter– a su universidad. Spar quiso detenerse, en su análisis posterior a la visita, en un punto en particular: <b>¿Por qué dos profesionales de ese nivel sintieron la necesidad de empezar sus discursos hablando sobre la culpa?</b></p>
<p class="paragraph ">“Slaughter se centró en la culpa más evidente que enfrentamos las mujeres tanto al dejar a nuestros hijos para ir a trabajar como al dejar nuestros trabajos para atender a los hijos. Sandberg, en cambio, habló de la culpa que sentimos al aceptar trabajos que, algún día, podrían obligarnos a elegir”, relató Spar en el artículo. “Pero la ironía y lo triste de esto, es que dos mujeres de ese nivel de profesionalismo sientan la necesidad de hablar sobre la culpa. ¿Acaso Bill Gates se sintió culpable mientras construía Microsoft? ¿Bill Clinton se sintió alguna vez atormentado por sus fallas personales mientras avanzaba en su carrera política? Quizás sí, pero ninguno de ellos se detuvo a analizarlo frente a un público. <b>Las mujeres contemporáneas, por el contrario, parecemos estar constantemente poniéndonos en duda. Si nos va bien, nos sentimos culpables por dejar los pasillos del poder demasiado rápido o demasiado tarde.</b> Nos sentimos culpables por presionar demasiado o muy poco a nuestros hijos. Y por no hacer <i>cupcakes</i> caseros que sean lo suficientemente orgánicos y veganos”.</p>
<p class="paragraph ">Y es que, como explica Spar, las mujeres nacidas bajo el alero del feminismo se han esforzado de alguna u otra manera durante toda la vida para demostrar que han recogido la antorcha que proporcionaron las feministas de las olas anteriores. “Nos esforzamos por mostrar que no les hemos fallado a nuestras madres y abuelas que hicieron posible que cumpliéramos nuestras ambiciones. Y sin embargo, estamos fallando. Porque nos seguimos sintiendo culpables”, relata. <b>Y esa culpa, o tensión, se refleja en acciones tan sutiles –pero no por eso poco significativas– como cobrar menos por el trabajo que realizamos, incluso cuando nos destacamos en ello</b>, o la sensación de que estamos constantemente al debe o defraudando a alguien.</p>
<p class="paragraph ">Ya en 1925, Freud hablaba de la culpa que surge cuando experimentamos el éxito. En su ensayo <i>Those Wrecked by Success</i> (Aquellos destrozados por el éxito) planteó que las personas pueden enfermarse precisamente cuando cumplen un deseo profundamente arraigado. Casi como si no pudiéramos tolerar nuestra propia felicidad. También habló de que la culpa surge cuando logramos algo que pareciera ser ‘demasiado bueno para ser real’. Pero para las mujeres, por como fuimos socializadas y las expectativas –y exigencias– sociales en torno a lo que debemos o no hacer, esto es mucho más complejo. <b>Que las mujeres trabajemos es una cosa, ¿pero que seamos exitosas? Porque en definitiva, como explica la psicóloga y vicepresidenta de Corporación Humanas, Victoria Hurtado, para que la mujer sea exitosa y haya llegado al lugar al que llegó, ciertamente debe haber fallado en su rol principal; el de la maternidad. Así se lo percibe socialmente.</b></p>
<p class="paragraph ">“La culpa es lo que sentimos cuando no hacemos algo que debiéramos hacer, o cuando no lo hacemos de la manera que se espera que lo realicemos. Lo que se sigue esperando de nosotras es que seamos madres y cuidadoras, y que lo realicemos a la perfección. Esto se evidenció en la pandemia, cuando quedó claro que las que se hicieron cargo en totalidad fueron las mujeres. Entonces, <b>para nuestra sociedad, aquella que es exitosa en su trabajo remunerado –porque no olvidemos que el de los cuidados y domésticos también son trabajo– es vista con cierta desconfianza respecto a cómo lo estará haciendo como madre”</b>, explica.</p>
<p class="paragraph ">Ejemplo de esto, como detalla Hurtado, es lo que pasó en el segundo gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet, cuando su hijo se vio involucrado en el Caso Caval. Ahí los comentarios apuntaron a que eso es lo que pasa cuando una madre no está en su casa. Y así con muchos otros casos, que ciertamente no se replican cuando se trata de un hombre que optó por su desarrollo profesional. Nadie dice ‘esto pasó porque no está el padre’.</p>
<div class="offer-content">
<p>Como explica la Coordinadora del Observatorio de Género y Equidad, Teresa Valdés, si bien la experiencia de culpa no se puede generalizar –y ciertamente varía entre generaciones– lo que sí está estudiado es que en una cultura en la que las mujeres hemos sido históricamente relegadas y recluidas en el espacio privado, el salir al espacio público a desarrollar otro tipo de trabajo, siempre es visto como una falla. Y más aun si destacamos. “El éxito también es una construcción social y tiene que ver con la aprobación de terceros. Entonces <b>cuando pensamos en la relación entre mujeres y éxito, nos referimos más bien a los altos niveles de exigencia a los que estamos sometidas.</b> <b>Los altos estándares que nos exigimos, o los altos estándares respecto a la expectativa de la respuesta de los demás. Ahí surge, por ejemplo, el síndrome de la impostora y esta idea de que nunca somos lo suficientemente buenas, o que en cierta medida somos una estafa</b>”, explica. “Pero esto está relacionado a la idea de que tenemos que ser perfectas, entonces si lo hacemos muy bien en un área pero no en todas, tenemos un lado débil y pensamos que no somos tan buenas”.</p>
</div>
<p class="paragraph "><b>De base, según explica la especialista, está el hecho de que nunca fuimos aplaudidas y alabadas como sí lo fueron los varones.</b> “En esta división del trabajo, como no hicimos hazañas desde chicas, no hay condiciones para que se nos aplauda. ¿Cuánto se apoya y se celebra a las niñas realmente? Desde luego que no nos aplauden cuando hacemos el trabajo de la casa siendo mujeres, menos se lo van a celebrar a una niña. Nunca hemos sido destacadas, entonces cuando llega el éxito, tenemos todo ese bagaje”.</p>
<p class="paragraph ">Y es que, como explica Hurtado, <b>el no sentirnos lo suficientemente buenas tiene que ver con que estamos en el lugar que no es el socialmente asignado y esperado para nosotras.</b> “Si tenemos un trabajo remunerado, no es el más relevante para nosotras, y por ende no debemos lucirnos ahí. Es cosa de ver cómo se aborda la incorporación de las mujeres en el mundo laboral, como si fuera un apoyo a la subsistencia familiar. Es un segundo trabajo. Y por eso realizarlo bien nos puede generar culpa”, reflexiona. <b>Porque además, en una cultura altamente patriarcal y judeo cristiana, la culpa pasa a ser un dispositivo de control y parte fundamental de la experiencia vital de las mujeres. Porque es, como decía Freud, uno de los diques fundamentales para la represión.</b></p>
<p class="paragraph ">Sin embargo, según las especialistas, esto está cambiando. En la encuesta <i>Percepción de las mujeres sobre su situación y condiciones de vida en Chile</i>, realizada en 2019 por Corporación Humanas, frente a la afirmación ‘una madre que trabaja establece una relación tan cercana con sus hijos como una que es dueña de casa’, más del 65% dijo estar de acuerdo. Y frente a la afirmación ‘los hombres deben trabajar y las mujeres quedarse en el hogar’, solo un 15% adhirió. Aun así, como explica Hurtado, a nivel social el trabajo remunerado sigue siendo visto como secundario para las mujeres.</p>
<p class="paragraph "><b>“El avance como colectivo es celebrarnos entre nosotras. Si no lo hacemos nosotras, de verdad que ese apoyo no existe. Pero mi impresión respecto a las generaciones más jóvenes es que eso están haciendo, versus las luchas de mujeres de las generaciones anteriores que eran individualistas y aisladas.</b> Las jóvenes de ahora no tienen miedo y trabajan en equipo. Esa culpa de la que hablamos también puede estar entrelazada con la experiencia del miedo”, concluye Valdés.</p>
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<h4><a href="https://www.latercera.com/paula/la-culpa-que-sentimos-por-ser-buenas-en-el-trabajo-ocupamos-un-lugar-que-no-es-el-socialmente-asignado-y-esperado-para-nosotras/">Publicación en Revista Paula </a></h4>
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