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	<title>Camila Matura &#8211; Humanas</title>
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	<description>Corporación Humanas Centro regional de Derechos Humanos y Justicia de Género</description>
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		<title>El aborto en América Latina y el reto de que ninguna se quede atrás</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fabiola Gutierrez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Jun 2023 12:26:42 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-22017 aligncenter" src="https://www.humanas.cl/wp-content/uploads/2023/06/unnamed.jpg" alt="" width="829" height="553" srcset="https://www.humanas.cl/wp-content/uploads/2023/06/unnamed.jpg 980w, https://www.humanas.cl/wp-content/uploads/2023/06/unnamed-600x400.jpg 600w, https://www.humanas.cl/wp-content/uploads/2023/06/unnamed-300x200.jpg 300w, https://www.humanas.cl/wp-content/uploads/2023/06/unnamed-768x513.jpg 768w" sizes="(max-width: 829px) 100vw, 829px" /></p>
<p style="text-align: justify;">“¿Usted cree que eso es un derecho?”, preguntó el agente de migración de Panamá que revisó mi pasaporte. “Sí, señor. Así lo creo”, respondí. “Yo tengo mis dudas”, dijo mientras tomaba mis huellas dactilares. Selló mi documento y me dejó pasar con la mirada amenazante. Así nos ha recibido Panamá a las personas que asistimos a la VII Conferencia por el derecho al aborto que organiza el <a href="http://t.newsletter.elpais.com/r/?id=h6a7264d7,bd507f6,4b29720" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=http://t.newsletter.elpais.com/r/?id%3Dh6a7264d7,bd507f6,4b29720&amp;source=gmail&amp;ust=1687953632645000&amp;usg=AOvVaw0VUSQ0IdgKMMvB6gAK4a87">Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (CLACAI).</a> Un encuentro que ha agrupado a cientos de organizaciones, profesionales de la salud, abogadas, periodistas y activistas para dialogar, debatir y compartir la situación del derecho de las mujeres a tener un aborto seguro, público y gratuito en toda la región.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque los avances son notorios y muy importantes. Ahí están las legislaciones de Argentina, México o Colombia como ejemplo, las amenazas son constantes y los grupos antiderechos no descansan. Es importante no apartar la vista de otras realidades que nos devuelven a una región todavía insegura, violenta y desigual para abortar en la mayoría de países. En palabras de la activista Morena Herrera, de El Salvador: “Hay que empujar todas para que ninguna se quede atrás”. Es decir, lograr mejores condiciones en los lugares más restrictivos, tomando como ejemplo a quienes han logrado la despenalización.</p>
<p style="text-align: justify;">En Latinoamérica, todavía existen países en los que una mujer no puede abortar aunque haya sido violada, corra peligro su vida o el feto tenga malformaciones. Estos son Honduras, Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, Haití, Surinam y Jamaica, de acuerdo a información del <a href="http://t.newsletter.elpais.com/r/?id=h6a7264d7,bd507f6,4b29721" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=http://t.newsletter.elpais.com/r/?id%3Dh6a7264d7,bd507f6,4b29721&amp;source=gmail&amp;ust=1687953632645000&amp;usg=AOvVaw1K9BzamDwyGZZ8iakO2RQC">Centro para los Derechos Reproductivos.</a></p>
<p style="text-align: justify;">Pero no es lo único. Durante la conferencia, más de 26 organizaciones presentaron el informe <em>Leyes y Sombras. Regulación del aborto en Latinoamérica</em>, que revela que existe toda una gama de grises en muchos de los países que permiten abortar por determinadas causales que al final acaban poniendo obstáculos para que esto suceda. Si algo hemos aprendido sobre las leyes en la región es que hay una larga distancia entre su redacción y su aplicación. Un impedimento para que las mujeres puedan acceder a sus derechos sexuales y reproductivos. Este es el caso de Guatemala, Perú o Costa Rica. También sucede en Venezuela, donde las legislaciones son más restrictivas y solo despenalizan el aborto en caso de que la vida o la salud de la embarazada corran peligro. Paraguay es otro de los países seriamente afectados por estas restricciones y donde las mujeres son sometidas a embarazos forzados.</p>
<p style="text-align: justify;">También sucede en Panamá, el país de los rascacielos y el desarrollo económico, que continúa a la zaga en esa cuestión. En Panamá, las mujeres tienen que pasar por una comisión multidisciplinaria para poder abortar. Solo les daré un dato más: desde 2018, el Comité de la ONU por los Derechos del Niño recomendó que Panamá despenalizara el aborto para proteger precisamente los derechos de las niñas y las adolescentes. En 2021, el 14% de los nacimientos fueron de niñas madres, según la Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia (APLAFA). También en ese año se cometieron más de 6.000 delitos sexuales, la mayoría contra niñas y jóvenes.</p>
<p style="text-align: justify;">Otros países como Chile, Ecuador o Brasil incorporan en sus códigos penales las variables de violación o inviabilidad del feto. Sin embargo, el informe señala que ningún país, ni siquiera los que tienen despenalizado el aborto hasta un número determinado de semanas, reconocen de manera plena la voluntad de las mujeres tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), los movimientos de mujeres y feministas, al margen de los prejuicios de los grupos conservadores y religiosos. “Vivimos en democracias demasiado frágiles, tomadas por la arbitrariedad y eso es un campo de cultivo para que los grupos ultras avancen para imponer una manera particular de ver este problema”, señala Susana Chávez, directora de CLACAI.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante retos como estos, el avance de la telemedicina y de los grupos de acompañamiento para abortar en casa con medicamentos se está convirtiendo en la alternativa de miles de mujeres que viven lejos de un hospital o en lugares muy restrictivos. No es algo que digan solo las feministas, también lo señala la OMS en sus <a href="http://t.newsletter.elpais.com/r/?id=h6a7264d7,bd507f6,4b29722" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=http://t.newsletter.elpais.com/r/?id%3Dh6a7264d7,bd507f6,4b29722&amp;source=gmail&amp;ust=1687953632645000&amp;usg=AOvVaw1KqyLGoVtNzKKkwmnreviH"><em>Directrices para la atención del aborto</em></a>. “El aborto médico ha revolucionado el acceso a la atención para el aborto de calidad en todo el mundo. Los medicamentos que se emplean para provocar el aborto pueden administrarse de forma segura y eficaz en un establecimiento de salud o autoadministrarse en otro lugar (por ejemplo, en el hogar) si se cuenta con una fuente de información precisa y con medicamentos de calidad garantizada”.</p>
<p style="text-align: justify;">Es por eso que es importante sacar al aborto de las estigmatización y hablar de él desde otras perspectivas como la salud pública, la autonomía y los derechos humanos. El mismo día que se cumplía un año de la anulación de la sentencia en Estados Unidos Roe vs Wade, que garantizaba el derecho al aborto desde 1973, cientos de mujeres se reunían en Centroamérica para seguir con esa misma lucha. En palabras de la activista salvadoreña Morena Herrera: “Estamos en escenarios difíciles en varios países. Sin embargo, veo una fuerza que avanza, generando información, evidencia científica y confirmación de que trabajar y luchar por la justicia reproductiva es la mejor posibilidad del bienestar para todas las personas”.</p>
<p style="text-align: justify;">Me quedo con otra frase de ella: “No todo pasa por las leyes. La despenalización de las conciencias, la información y el acceso a las redes de acompañamiento también salva la vida de las mujeres”.</p>
<p><a href="https://elpais.com/mexico/2023-06-25/el-aborto-en-america-latina-y-el-reto-de-que-ninguna-se-quede-atras.html">Publicado por El País.</a> Panamá 25 de junio de 202.</p>
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		<title>Violencia de género: ¿Qué pueden hacer los hombres?</title>
		<link>https://www.humanas.cl/violencia-de-genero-que-pueden-hacer-los-hombres/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fabiola Gutierrez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Mar 2021 20:30:18 +0000</pubDate>
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</div><figcaption><b>Frente a la desaparición y asesinato de la ejecutiva de marketing inglesa, Sarah Everard, ocurridos en las primeras semanas del mes, la policía de Londres hizo un llamado preliminar a que las mujeres de la zona no salieran solas. Esa advertencia, como muchas otras que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas y desde la temprana infancia, despertó la furia en redes sociales.</b> Cómo era posible que frente a una desaparición y asesinato, presuntamente en manos de un policía, la única alternativa parecía ser, una vez más, la de modificar nuestro comportamiento, nuestros hábitos diarios y nuestras conductas en pos de una disminución del riesgo. Cómo era posible que una vez más, en vez de cuestionar las acciones del agresor e imputarlo por lo ocurrido, la responsabilidad parecía recaer en las mujeres.</figcaption></figure>
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<div><b>“Sarah Everard hizo todo bien; llamó a su pololo, caminó por calles iluminadas y usó zapatos cómodos. Siguió todas las reglas y aun así eso no la salvó. A las mujeres no las atacan porque están caminando solas, sufren de agresiones por sus agresores. </b>Necesitamos que los hombres nos empiecen a escuchar y creer, sin querer demostrar que son la excepción. Necesitamos que hablen con otros hombres para que desarrollemos una cultura en la que condenamos explícitamente todo tipo de sexismo, misoginia y abuso” publicó la organización virtual The Female Activists a pocos días de que se supiera la noticia. A<b> lo que un vecino del barrio donde desapareció Sarah respondió preguntando en su Twitter qué podían hacer él y otros hombres para que las mujeres se sintieran seguras en la calle.</b> “Vivo a cinco minutos de donde desapareció Sarah Everard. Todos estamos en estado de alerta. Además de darles la mayor cantidad de espacio posible cuando caminamos en calles oscuras, ¿hay algo más que podamos hacer para reducir el factor ansiedad/miedo?”, planteó.</div>
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<p>&nbsp;</p>
<p class="paragraph "><b>Los consejos llegaron por montones y se abrió un hilo en el que mujeres de distintas edades respondían a su inquietud. “Si estás caminando detrás de una mujer en una calle poco iluminada, cruza a la vereda de al frente donde te podamos ver”,</b> respondió una. “Suena tonto, pero ser ruidosos. Si estás caminando detrás de una mujer y no te puede ver, haz ruido para que sepa que no estás siendo sigiloso. Agarra tu celular y ponte a hablar con alguien, así te escuchamos y sabemos a qué distancia estás”, respondió otra. “Anda a dejar a tus amigas a la casa por más que el camino parezca seguro. Y habla de esto con tus amigos hombres”, fue una tercera respuesta. “Levanta la voz si vez que una mujer está siendo intimidada o amenazada. Sigue preguntando y aprendiendo. Y anima a tus amigos y tus hijos para que hagan lo mismo”, fue una cuarta. <b>Todas respuestas que dieron cuenta, más que de las acciones que puedan asumir los hombres y que ciertamente aportarían, del profundo miedo que seguimos sintiendo las mujeres cada vez que caminamos solas en la calle.</b></p>
<p class="paragraph ">Al igual que este hilo abierto en Twitter, es mucho lo que se ha tematizado y visibilizado que antes no se conversaba. Pero las cifras revelan que aun falta mucho por derribar un sistema altamente patriarcal en el que se valida la violencia hacia las mujeres. <b>En este momento de inflexión, ¿qué pueden hacer los hombres?</b></p>
<p class="paragraph ">Miguel Lorente, médico forense español especialista en violencia de género, explica que lo que genera la percepción de amenaza en las mujeres no es ni la oscuridad ni la soledad; son los hombres. Y hay que decirlo así, aunque en teoría lo sepamos, porque no podemos pensar que estos hechos ocurren por factores circunstanciales. Ocurren porque hay una cultura en el que el agresor siente que se puede desenvolver libremente. “Cuando la mujer está sola, esa soledad la percibe como un posible riesgo. Si llega una hombre, esa compañía se traduce en amenaza. Y no sienten riesgo y amenaza porque sean imaginativas, sino que porque la realidad nos muestra que esas son las situaciones en las que se llevan a cabo las agresiones sexuales. La manera de solventar esto, entonces, podría parecer fácil; si la soledad genera riesgo, la manera de abordarlo sería mediante la compañía. Y si la compañía genera amenaza, la manera de romper eso sería con la empatía. Pero eso no es así. <b>Lo que genera la percepción de riesgo y amenaza en realidad son las circunstancias que genera el hombre. No son la noche ni la soledad. Porque si en ese mismo escenario apareciera otra mujer, ninguna sentiría miedo”</b>, explica.</p>
<p class="paragraph ">Lo que se produce a solas en una calle oscura, según señala el especialista, es lo que luego los hombres conversan entre risas y tallas por Whatsapp, en un bar y en las películas porno. “Es todo lo que normalizamos y consideramos parte fundamental de nuestra masculinidad y hombría. Pero eso es lo que tenemos que cuestionar todos los días. Porque si lo dejamos a la excepcionalidad o circunstancias muy concretas, quizás logremos cambios parches, pero no cambiaremos la realidad que da lugar a que esta violencia ocurra”, explica.</p>
<p class="paragraph ">Como explica la abogada de Corporación Humanas, Camila Maturana, es clave considerar que <b>ese miedo que enfrentamos y sentimos las mujeres, niñas, adolescentes y disidencias sexuales en la calle y en espacios públicos es producto de la enseñanza que recibimos,</b> q<b>ue refuerza los estereotipos de género tradicionales que postulan que el espacio público le pertenece al hombre y el privado a la mujer. </b>En ese sentido, la calle no es nuestra. “Bajo esa misma lógica, también se nos enseña que tenemos que evitar y prevenir que nos ocurran esos delitos, más que enseñar que hay que dejar de cometerlos. Desde chicas nos dicen que no salgamos de tal forma, y que hay ámbitos para hombres y otros para mujeres. <b>Para estar seguras, nosotras tenemos que estar en casa”.</b></p>
<p class="paragraph ">Pero eso tampoco es cierto. <b>Si hay algo que se evidenció en la pandemia es que las mujeres estamos en riesgo constante en todos los espacios, porque la violencia de género es cometida principalmente por cercanos; parejas, ex parejas y familiares.</b> “En estos momentos, lo más importante es <b>avanzar hacia una cultura de no violencia hacia las mujeres, que involucre a toda la sociedad, incluyendo a los hombres. Si la violencia de género es una manifestación de las relaciones de poder entre hombres y mujeres, evidentemente para disminuir y erradicarla, esas relaciones asimétricas deben ser deconstruidas </b>y reemplazadas por relaciones igualitarias y de respeto”, explica. “Para ello se requiere el involucramiento y el cuestionamiento constante de los hombres y de sus privilegios”.</p>
<p class="paragraph ">Así mismo, Lorente plantea que lo que hay que cuestionar es la situación que se genera con la presencia de los hombres. “En eso es fundamental, que no es tanto, <b>la idea de que los hombres le estemos preguntando a las mujeres y que ellas nos digan, en cada momento, qué hacer. </b>Primero porque tenemos que respetar su decisión de si quieren ir solas o acompañadas por nosotros. Quizás quieren ir acompañadas de amigas”, postula. “Pero también porque <b>es clave que los hombres nos vayamos posicionando en cada momento frente a esta realidad que condiciona la vida de las mujeres, porque hoy todavía se dicen cosas como ‘estos no son lugares para ustedes’ o ‘estas no son horas para mujeres’.</b> Esos lugares y horas no son para la mujer porque los hombres actuamos en contra de ellas, poniéndoles límites a partir de los cuales, si se produce una agresión, tenemos la posibilidad de responsabilizarlas por haber transgredido esos límites”.</p>
<p><a href="https://www.latercera.com/paula/violencia-de-genero-que-pueden-hacer-los-hombres/">Publicación Revista Paula </a></p>
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