• El sistema penitenciario sigue siendo masculino y patriarcal, donde las mujeres privadas de libertad son invisibilizadas.
  • Se debe pensar la cárcel en clave socia, existe una ausencia de política penitenciaria con enfoque de género.

Santiago 23 de enero 2020.- Con el fin de recoger experiencias nacionales e internacionales desde una mirada feminista y con enfoque de derechos humanos, se realizó la primera jornada del Seminario Internacional “Género y Cárcel” organizado por Corporación Humanas Chile, cuyo objetivo fue interrogar a la cárcel en su relación con las mujeres.

En sus palabras de bienvenida, Lorena Fries abogada y presidenta de la Corporación, señaló que las mujeres son protagonistas en la región de las transformaciones que requiere hoy en día la cárcel. También hizo especial mención a la relevancia que tiene, en el contexto actual chileno, que las mujeres privadas y ex privadas de libertad sean actoras claves del proceso constituyente y así poder repensarnos como país.

En su intervención Jan Jarab, Representante Regional para América del Sur de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos puntualizó que en general las cárceles no están para responder la situación de mujeres embarazadas, indígenas y migrantes, entre otras. “Las cárceles no atienden las necesidades específicas de las mujeres, no cuentan con un marco de salud con perspectiva de género y es una situación que se vive en toda América Latina que tiene un modelo tradicional pensado para hombres violentos y se replica en las cárceles de mujeres”.

 “Uno de los puntos críticos es el derecho a la salud. No existen profesionales de sexo femenino que otorguen una adecuada atención a las mujeres y muchas veces los centros penitenciarios no cuentan, por ejemplo, con ginecólogas. Incluso es de conocimiento público que las mujeres encarceladas reciben menos visitas ya que en el modelo predominante patriarcal se considera obligación de las mujeres que visiten a sus maridos o parejas y no al contrario”, advierte el representante de Naciones Unidas.

Por su parte, Laurana Malacalza, Subsecretaria de Abordaje Integral de las Violencias por Razones de Género del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidades de Argentina, en su exposición señala que tanto en su país como en Chile existe un uso excesivo de la prisión preventiva. “Más del 70% de las mujeres privadas de libertad lo está bajo un régimen de prisión preventiva, lo que significa que no han sido condenadas por ningún tipo de delito, sino que están esperando el juicio dentro de las cárceles lo que ha promovido situaciones de hacinamiento, alojamiento en distintos espacios de detención como en las alcaldías y en las comisarías por tiempos prolongados, sin encontrar opciones para medidas alternativas a la prisión”.

“Estas medidas de excepción, que son las legislaciones que han habilitado un uso indiscriminado por parte de las fuerzas de seguridad en el control de sus territorios, de grupos que empiezan a ser identificados y asociados a la criminalidad, han estado llevando a cabo acciones de detención con algo que sabemos que en Chile se ha reiterado en los últimos meses  a través de la desnudez forzosa”, afirma Malacalza.

Agrega, que las condiciones actuales de encarcelamiento permiten identificar distintos mecanismos de control y de gobernabilidad en la prisión que se manifiestan a partir de las requisas vejatorias e aislamiento individual que se debe en gran parte a la profundización del modelo neoliberal. “Esto permiten generar lazos de ruptura y aislamiento al interior de las cárceles, una ruptura de los espacios comunes y llamativamente una mayor presencia de personal masculino dentro de las cárceles de mujeres, sobre todo en instancias de seguridad y control frente al conflicto”.

La Subsecretaria de Abordaje Integral de las Violencias por Razones de Género del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidades de Argentina sostiene que “para nosotras que estamos pensando desde el Ministerio la creación de un plan nacional de cuidados en Argentina, es importante no poner el foco en una mirada más asistencialista de la mujer como madre, sino como impacta en la organización social del cuidado. Sabemos que las mujeres sobre todo las pobres son las que han organizado las tareas de cuidado a lo largo de su vida y eso impacta enormemente en el momento que son encarceladas. Sin embargo, advierte con preocupación que para muchas mujeres el único horizonte posible para es la cárcel, porque muchas veces salir de la prisión se torna más difícil que estar al interior de ella”.

Marcela Aedo, abogada y docente de la Universidad de Valparaíso se refirió a un estudio realizado sobre la situación de las mujeres condenadas privadas de libertad en Chile. En su intervención resaltó que “tal como sucede a nivel mundial, en América Latina las mujeres privadas de libertad constituyen una minoría que históricamente ha sido invisibilizada y que, en términos generales, la infraestructura, la gestión penitenciaria, los programas de educación, capacitación y los espacios laborales han sido históricamente diseñados con una visión androcéntrica, que escasamente considera las historias vitales de las mujeres y sus necesidades”.

En el estudio compartido por la investigadora y datos proporcionados por Gendarmería de Chile en 2018, se muestra que la mayoría de las mujeres recluidas a nivel nacional, lo estaban por el delito relativo a la ley 20.000 (tráfico de drogas), seguidos por el robo y luego el hurto, a diferencia de los varones, que en su mayoría estaban cumpliendo condena por el delito de robo y luego por tráfico de drogas.

En consecuencia, sostiene Aedo, que frente a la ausencia de una política penitenciaria con enfoque de género, la prisión es para las mujeres mucho más dolorosa y estigmatizante, dado el rol tradicional que la sociedad le ha asignado como madre y cuidadora de sus hijos/as.Por ejemplo, los conflictos producidos por la separación de su familia y particularmente de sus hijos, situación que acentúa los estados depresivos y los sentimientos de culpabilidad. Ser delincuente y haber estado en prisión es doblemente estigmatizador para las mujeres porque no sólo contradicen la norma penal sino los estereotipos de lo que la sociedad espera de una “buena mujer”.

 Link acceso a presentación primer panel https://bit.ly/2tEYIDG

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