«Avanza el VIH en jóvenes debido a que no tienen educación sexual de calidad» advierte Débora Solís, directora ejecutiva de Aprofa.

Por Loreto Flores Ruiz

Las consecuencias son muy profundas y dañinas. Se están tomando decisiones y legislando sin pensar en esto».

Un total de 19 especialistas y profesionales ligados a la atención de pacientes en temas de anticoncepción fueron entrevistados en Chile para realizar el «Barómetro Latinoamericano sobre el acceso a métodos anticonceptivos modernos», en el que participaron también Brasil, México y Colombia.

La directora ejecutiva de la Asociación Chilena de Protección a la Familia (Aprofa), Débora Solís, sostiene que «la finalidad del estudio es ofrecer una visión comparativa entre los países participantes en relación a diversos temas sobre cómo se accede a métodos anticonceptivos».

—¿Cuáles fueron los resultados?

—Hay un consenso en que en Chile hay un amplio acceso a métodos anticonceptivos para las mujeres, aunque se podría ampliar más la oferta. Como segundo llamado aparece que aun cuando Chile tiene un marco de política pública de acceso a los métodos anticonceptivos no se está aplicando la norma. Tenemos documentos que son de avanzada, pero en la práctica, hay deficiencia en la atención.

—¿A qué se debe esto?, ¿a los profesionales que atienden?

—No solamente a los profesionales que atienden. El acceso de las mujeres jóvenes a los servicios de salud es absolutamente menor que el de las mujeres adultas. A pesar de que por ejemplo existe el Implanon (método anticonceptivo) para que ellas se los puedan poner, hay una serie de barreras de acceso que no siempre logran las jóvenes pasar para llegar a la matrona; deben enfrentar a la persona que da la hora, el portero, la enfermera que toma las muestras, que hacen comentarios discriminatorios como por ejemplo: «Ud. tan chica y buscando un método».

—Y en relación con los otros países que se sometieron al barómetro, ¿en qué posición está Chile?

—En relación a educación en sexualidad somos el país peor evaluado. Y esto es muy coincidente con otro estudio llamado «Cumplimiento 2008-2015 en América Latina: Prevenir con Educación», que salió el año pasado. En él están considerados 19 países y nosotros aparecemos en el último lugar en implementación de políticas de educación en sexualidad.

—¿Y a qué se debe que estemos en el último lugar en este tema?

—Coincido con lo que dicen los especialistas en el Barómetro, en el sentido de que hay una oposición tan fuerte y un reconocimiento tan bajo de que esto forma parte de los derechos humanos, que cada vez que el Ministerio de Educación ha querido impulsar una política pública que llegue a toda la población —sólo hay que recordar lo que ocurrió con las Jocas— eso forma un revuelo de tal tamaño que no siempre los gobiernos están disponibles para asumir ese costo.

—¿Cómo sería una buena política de educación sexual en los colegios?

—Una política de educación en sexualidad, lo primero que tiene que hacer, a nivel nacional, tiene que ver con la actualización y formación de sus docentes. Cuando uno se encuentra con los docentes, esto forma parte de sus prioridades, porque finalmente son ellos los que se enfrentan al problema, entre comillas, que significa tener un estudiante que manifiesta ser homosexual o transexual o que se embaraza.

—¿Cuáles son las consecuencias de ser el país peor evaluado?

—No hay ningún estudio que lo diga así, pero mi opinión es que, el que Chile sea un país que avanza en contagio de VIH en población joven, yo diría que también se debe a que los jóvenes no tienen educación de calidad. Si toca hablar de VIH y el docente no tiene la información correcta, cosa que es muy probable, la información que va a compartir es una información alterada. Hoy día que avancen las infecciones de transmisión sexual, que avance el VIH en población joven, a mi juicio, tiene mucho que ver con que los chiquillos no disponen de la información adecuada y también que el acceso a los servicios es limitado. Las consecuencias son muy profundas y dañinas. Se están tomando decisiones y legislando sin pensar en esto.

—¿Qué rol tiene la familia en esto?

—Un rol fundamental para apoyar a sus hijos. Sin embargo, las familias tampoco tienen mucha información disponible. Vivimos en un país donde sobre este tema no se habla. Si llega una hija de 14 años a preguntarle a la mamá que si ella tiene sexo anal si debe usar condón o no, no sé si todas las mamás tienen los elementos para responder. El Estado no puede eludir tener una política nacional de educación en sexualidad, porque es parte de un derecho humano.

—Se necesita educar más en valores.

—En valores, en situaciones entre comillas problemáticas asociadas en sexualidad, capacitar más en género para que las mujeres estén más empoderadas y puedan negociar mejor el uso del condón, pero eso no es una charla, es una estrategia que tiene que estar permanentemente en la escuela para que dé resultados.

Fuente: La Segunda 

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