Les compartimos el Documento Alternativo de la Sociedad Civil sobre los avances y desafíos en América Latina y el Caribe, a 25 años de la histórica aprobación de la Plataforma de Acción de Beijing, en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing en el año 1995.

A las 90 organizaciones, grupos y redes nacionales, subregionales y regionales de América Latina y el Caribe que contribuyeron les agradecemos sus aportes.

Lo podrán leer, compartir y descargar desde aquí: http://ngocswlac.org/inicio/beijing-25-luces-y-sombras/

Este Informe fue elaborado antes de los fuertes conflictos que se desataron en varios países de la región. Es por eso que necesitamos referirnos a esto y aclarar que como feministas y activistas delos derechos de las mujeres y niñas, nos preocupa desde hace años el modelo de desarrollo que, lejos de transformarse, se ha intensificado en nuestros países y que condujo a la fuerte polarización entre una gran cantidad de población que debe repartirse una mínima parte de la producción, mientras un reducido grupo concentra la mayor proporción de los recursos y la riqueza. El incremento de la desigualdad económica, política y social, que se registra en nuestros países y que CEPAL ha venido denunciando, es algo que inevitablemente afecta la estabilidad democrática de la región y que ha generado las reacciones en nuestros países.

Indudablemente la región ha avanzado en el reconocimiento de los Derechos Humanos y en particular en los derechos de las mujeres plasmados, en algunos casos, en la mejora de la normativa interna y/o en el reconocimiento explícito de los mismos. Sin embargo, los últimos acontecimientos en el mundo y sobre todo en la región, ponen en riesgo lo ganado. El movimiento de mujeres latinoamericano se ha caracterizado por la capacidad de construcción, el aporte de propuestas y una gran incidencia política y social. Esto se refleja en el Consenso de Montevideo, los acuerdos en torno a la Plataforma de Acción de Beijing, la articulación que ha promovido en torno a los derechos sexuales y reproductivos, la identidad de género, la economía del cuidado y la participación política paritaria, entre otros temas fundamentales. Estos avances han supuesto para nosotras instalar en el centro del debate la sostenibilidad de la vida, un concepto que cuestiona el modelo de desarrollo vigente, que incrementa la brecha entre la población más rica y la más pobre, así como las desigualdades sociales y culturales entre mujeres y hombres y que, por sobre todo, profundiza
las desventajas para las mujeres y niñas en cuanto a sus posibilidades de acceso y goce a los beneficios del desarrollo.

La propuesta feminista ha estado siempre vinculada a la construcción de modelos sociales, políticos y económicos equitativos e inclusivos, que tengan como objetivo redistribuir la riqueza y los frutos del desarrollo en igualdad de condiciones y que coloquen en el centro a las personas y a la construcción de relaciones equitativas entre ellas y con la naturaleza. En la última década, muchos de nuestros países han intentado construir modelos económicos que promuevan la sostenibilidad de la vida y la redistribución de la riqueza, fruto de la demanda de las mujeres y de los pueblos, avances que se ven amenazados por intereses económicos que privilegian la explotación de los recursos naturales, la acumulación de la riqueza en manos de unos pocos, y que limitan la vigencia de los Derechos Humanos de todas las personas, especialmente de las mujeres y niñas.

Frente a esto, los conflictos políticos y económicos visibles en la región se han centrado en la pugna sobre el acceso y explotación de los recursos naturales. Estos conflictos ponen en debate los débiles modelos de democracia vigentes en nuestros países y minan la confianza de la población en los gobiernos, las instituciones y en su entorno. Vemos el retroceso del ejercicio de los derechos de las mujeres, potenciado por movimientos anti-derechos que reivindican el uso de la violencia y la represión, justificando la persecución y criminalización de las personas defensoras de los Derechos Humanos al privilegiar la explotación de recursos naturales y sin respetar los derechos de los pueblos y comunidades originarias.

Los desafíos de la región pasan por profundizar los cambios del modelo económico en torno a la redistribución y explotación de los recursos naturales a fin de acortar las brechas de desigualdad, y mejorar sensiblemente laredistribución de la riqueza y las oportunidades de bienestar. La vigencia de la vida democrática es inviable con modelos económicos que se sustentan en la concentración de la riqueza, en el fortalecimiento de los fundamentalismos, del autoritarismo y de los movimientos anti-derechos que cuestionan el avance de los Derechos Humanos, en especial los de las mujeres.

En este marco, el movimiento feminista plural y diverso de mujeres de América Latina y el Caribe se encuentra en alerta, y se suma al clamor de la región, respeto por la democracia y la Vida: ¡NI UN PASO ATRÁS!

 

Enero 2020

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