La Segunda-En 2006, MInisterio Público recibió 16.170 notificaciones y el año pasado, 49.049.
Según fiscal regional Occidente, Solange Huerta, fenómeno se replica en el resto del país.
Un impactante aumento experimentaron las denuncias por violencia intrafamiliar en los últimos tres años en la Región Metropolitana. De acuerdo con cifras proporcionadas por la fiscal metropolitana Occidente, Solange Huerta, éstas experimentaron un crecimiento de un 200%, y pasaron de 16.170 casos en 2006 a 49.049 en 2009.
Según la persecutora, el brutal ascenso —que se repite en el resto del país— se debe a que existe “confianza en el sistema judicial” y no necesariamente a que nuestra población esté más agresiva.
A diferencia de la década del 90, cuando no existía la ley de violencia intrafamiliar, los conflictos intramuros eran menos censurados, principalmente porque era la misma víctima (especialmente la mujer) quien justificaba la agresión —explica Cerda— con la sencilla respuesta de “mi marido me pega porque tiene derecho”. Ahora las cosas son algo distintas, especialmente desde fines de 2005, cuando el Ministerio Público se hizo cargo de estas denuncias que hasta ese momento recibían los juzgados civiles.
90% son lesiones y amenazas
De los casos denunciados, la mayor parte (un 90%) corresponde a lesiones y amenazas, mientras que por maltrato habitual la cifra sólo llega al 6%.
Según Huerta, hemos evolucionado en términos sociales y ahora se entiende mejor que este tipo de actos, además de ser un delito, atenta contra la dignidad de la mujer.
“Lo que nos falta es ver cómo lo enfrentamos para que disminuya y para eso tenemos que generar un nuevo trato. Entendemos que la respuesta penal no es suficiente, porque igual hay reincidencia, sujetos que, aunque estén con medidas o sancionados, vuelven a cometer delitos. Y entonces es tremendamente importante todo el rol de la rehabilitación, de terapias respecto de imputados con tratamientos psicosociales que aborden el tema de la violencia”, plantea la fiscal.
Asegura que para conseguir aquello lo que se necesita es una política pública transversal, que no implique a un solo ministerio o repartición.
Por ejemplo, explica, es un tema que debiese abordarse desde la educación: “Es como el tema de la conciencia medioambiental. Cuando yo era chica, éste no era un tema, prácticamente no existía. Sin embargo, las nuevas generaciones piden que uno no fume, que no vote basura, que se recicle, porque tienen una conciencia medioambiental muy desarrollada. Si hubiéramos hecho esa misma inversión en estas materias, probablemente estas generaciones no serían tan violentas”, manifiesta.
Tarea que, a su juicio, debiera partir desde el jardín infantil.
GPS: “Buena herramienta”
—¿Este aumento del 200% también se refleja en los crímenes más brutales, como los femicidios?
—Lo que vemos, en términos de curva, son cifras más o menos estables, pero son cifras que no se condicen con este crecimiento del 200%.
Y agrega: “En términos serios, no se podría afirmar que esos casos sean más violentos. Siempre son violentos y más que eso, dramáticos, porque hay niños que quedan solos porque les mataron a la mamá, el papá se fue preso o se suicidó”.
—¿La utilización de brazaletes con GPS como medida cautelar podría ayudar a reducir esos crímenes?
—Sería una buena herramienta. Pero la primera barrera de protección debe tenerla la propia víctima. Uno ve casos donde la misma mujer abre la puerta a su agresor. Por eso el crecimiento exponencial de los delitos de VIF no se refleja necesariamente en las sentencias, dado que son las mismas víctimas que, por miedo, terminan saboteando los procesos al no presentarse a las audiencias o cambian sus testimonios a última hora.
Principal escollo: la retractación
—¿Qué es lo más difícil que enfrentan ustedes en este tipo de casos?
—Una víctima de violencia intrafamiliar es una víctima atípica. En un primer momento es tan claro el riesgo, que piden ayuda a Carabineros y a la justicia. Pero pasa un tiempo y no sólo dejan entrar al marido, sino que llegan a la fiscalía para sostener que todo lo que dijeron antes fue mentira: es el fenómeno de la retractación.

