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Revista Ya-El Mercurio-Es un hecho indiscutible: Las mujeres reciben menor sueldo que sus pares hombres. En Chile, en América Latina, en Estados Unidos, en Europa. Incluso el Foro Económico Mundial ubica a nuestro país en el lugar 121 (entre 134) de los con mayor diferencia de salarios entre ambos sexos. ¿Las razones? Discriminación, una cultura machista, pero también falta de ambición y riesgo entre las mujeres. Aquí hablan ejecutivas y expertos.

“Estuve años con el cargo de “directora” en mi empresa, cuando debiera haber sido subgerenta. Era para no pagarme lo mismo que a mis pares hombres que realizaban la misma labor. Incluso, a veces tenía que hacer el trabajo del gerente del área. Después de mucho pelear, me cambiaron el título y soy “subgerente de marketing”, porque el hombre que estaba en ese puesto se fue. Pero mi sueldo es de un millón menos. ¡Insólito! Fui a alegar, por supuesto, y el gerente general me contestó que yo tenía que “caminar” hacia ese sueldo, ganármelo. Pero a mí me llamaron para ocupar el puesto, estuve trabajando siete años en marketing, tengo un MBA, peso más que el hombre a quien reemplacé: ¿qué es lo que me tengo que ganar? Se supone que mi sueldo “está en vías” de aumentarse. Es muy injusto”.

La que habla es una ejecutiva con 20 años de experiencia en una importante empresa a nivel nacional, quien señala que su lugar de trabajo es “machista”: “Como consejo les digo a las mujeres que tenemos que prepararnos mucho, ser igualmente estudiosas que los hombres, porque nos miden con las mismas varas en cuanto a resultados y objetivos. Imagínate: el argumento para pagarnos menos es que nuestros maridos son los jefes de hogar, que por eso los hombres tienen que ganar más. Así me lo dijo el gerente general”.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) determinó que este año 2009 las mujeres están ganando el 78% del sueldo de los hombres, aun cuando se desempeñan en el mismo cargo. En Chile la situación es la misma: según la OIT, las mujeres ganan el 79% del salario de los hombres, aunque esa brecha se torna más pronunciada cuando aumenta la responsabilidad del cargo y el nivel de educación. En este sentido, las ejecutivas serían las más perjudicadas: ganan sólo el 66% del sueldo de sus pares.

-Ley de igualdad salarial:

Apenas un comienzo

Para comenzar a remediar el dilema de la brecha de los salarios entre hombres y mujeres -que cruza todos los estamentos de la fuerza laboral femenina- es que entró en vigencia en Chile la Ley de Igualdad Salarial (N° 20.348), publicada en el Diario Oficial el 19 de junio de 2009, y que establece el principio de igualdad de remuneraciones entre hombres y mujeres que realicen un mismo trabajo en una misma empresa. A partir de esa fecha, las empresas con 200 o más trabajadores tuvieron seis meses para “arreglar” su situación, entre otras cosas, elaborando un registro con los diversos cargos, funciones y responsabilidades de todos los trabajadores en la empresa y sus características técnicas esenciales. El registro tendrá que quedar consignado en el reglamento interno de la organización. El plazo se cumple en cuatro días más, el 19 de diciembre: se supone que la compañía que no haya regularizado este tema deberá pagar una multa. Aun así, según la nueva ley no serán “consideradas arbitrarias las diferencias objetivas en las remuneraciones que se funden, entre otras razones, en las capacidades, calificaciones, idoneidad, responsabilidad o productividad” de las personas.

Según la diputada Carolina Goic, presidenta de la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados, esta ley es “un tremendo paso en términos de reconocer que no hay una justificación para hacer una diferencia entre hombres y mujeres, aunque todos estamos conscientes de que la aplicación va a ser muy difícil: hay un tema cultural que tenemos que ir cambiando. Las mujeres son castigadas con menores salarios por el hecho de ser madres, verdaderas o potenciales, y hay una subvaloración del trabajo femenino: éstos son factores difíciles de cambiar, que requieren mucho más que esta legislación”. En este sentido, la diputada reconoce que en la operatoria de la ley se van a encontrar con muchas deficiencias, por lo que de todas maneras “en algunos meses más vamos a tener que introducir modificaciones. Lo que se valora es que es un primer paso, que abre el camino para seguir trabajando. Lo difícil es cómo probar que efectivamente hay discriminación”.

-Estados Unidos:

Pionero en la lucha contra la brecha

En Estados Unidos se dieron los primeros pasos -aunque bastante inútiles- para terminar con la inequiad salarial. Durante la Segunda Guerra Mundial, muchas mujeres entraron a trabajar en las industrias en ese país: en 1942 el National War Labor Board urgió a los empleadores que “voluntariamente” igualaran los sueldos para el mismo trabajo. No sólo fueron muy pocos los que accedieron a esta demanda voluntaria, sino que, además, al terminar la guerra, las mujeres fueron desplazadas de sus puestos cuando volvieron los hombres.

Hasta comienzos de los años 60, los diarios norteamericanos publicaban en forma separada los trabajos ofrecidos para hombres y mujeres. Incluso eran categorizados según el sexo, con los de más alto nivel ofrecidos sólo a los varones. Más aún, algunos avisos de trabajo eran exactos para hombres y mujeres, pero a ellas se les ofrecía menos paga. Y sin ninguna vergüenza. Recién en 1964 -gracias al Equal Pay Act- se convirtió en ilegal pagarle menos a una mujer que a un hombre a consecuencia de su sexo.

A pesar de esta acta, recién en febrero de este año, apenas instalado en la Casa Blanca, Barack Obama firmó la Ley sobre Igualdad de Salarios entre hombres y mujeres, conocida como Ley Lily Ledbettter. La norma se inspiró en el caso de esta supervisora de neumáticos Goodyear, en Alabama, quien durante 19 años recibió menos paga que los supervisores hombres de la empresa que realizaban su misma labor.

Pero en ese país hay muchos más casos emblemáticos. Uno de los últimos lo publicó la revista Fortune. Como parte de su listado de las mujeres más poderosas del mundo que hace todos los años, este 2009 ubicó a las 25 ejecutivas mejor pagadas y a los 25 ejecutivos mejor pagados de ese país. El resultado fue demoledor: Aubrey K. McClendon, presidente y director de la gasífera Chesapeake Energy -el hombre con mejor sueldo- está ganando dos veces y media más que la mujer con mejor sueldo de ese país, Safra Catz, la presidenta de la compañía de informática Oracle, que obtuvo nueve veces más utilidades que la gasífera en el último año. Sí, leyó bien: nueve veces más utilidades.

El hecho es que la brecha continúa o se ha acrecentado en el último tiempo como consecuencia de la crisis económica de 2008 y 2009. Esto, aparte, claro, de las causas primeras: discriminación, factores culturales, e incluso indiferencia o poca ambición de las mismas mujeres, factores que en algo explican este fenómeno.

Efectivamente, según el Informe Mundial sobre Salarios 2009, de la OIT, la crisis económica detuvo la tendencia a una mayor igualdad de género a largo plazo y, por ejemplo, en el caso del Reino Unido la brecha salarial se acrecentó en los últimos dos años. Y en Estados Unidos los sueldos de las mujeres pasaron de representar el 80,2 por ciento de los salarios de los hombres en 2007, al 79,9 por ciento en 2008.

¿Qué pasa en otros países? Lo mismo: éste es un problema con el que tienen que lidiar las mujeres desde Botswana hasta Italia, pasando por Francia, Chile, Brasil y Pakistán. Esto, a pesar de que 167 naciones suscribieron y ratificaron el convenio de Igualdad de Remuneraciones de la OIT en 1951.

-Chile:

Pésimo en los rankings

Según el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) titulado “Nuevo siglo, viejas disparidades: brecha salarial por género y etnicidad en América Latina”, de los economistas Juan Pablo Atal, Hugo Ñopo y Natalia Winder, Chile es el quinto país con mayor brecha salarial en el continente. Según el BID, en nuestro país los hombres ganan 19,3% más que las mujeres, siendo superado sólo por Perú (19,4%), Nicaragua (20,3%), Uruguay (26%) y Brasil (29%), en igualdad de condiciones (nivel educacional, edad, y responsabilidad). El país con la menor brecha sería Bolivia, donde las mujeres ganan un 1,8% más que los hombres, mientras que en Guatemala hombres y mujeres perciben prácticamente lo mismo, con una diferencia de sólo 0,3% (Ver ilustración).

Para el BID, las diferencias de ingresos en función de género siguen siendo significativas en nuestro continente, pese a los progresos económicos y la aplicación de políticas orientadas a reducir la desigualdad. El informe, que consideró datos de hogares de 18 países, determinó que las mujeres claramente están siendo perjudicadas: si se comparan los sueldos promedio, los hombres ganan 10% más que las mujeres. Pero cuando se comparan ambos sexos con iguales edades y niveles de educación, la brecha promedio llega a 17,2%.

Por otra parte, en el Índice 2009 de Disparidad entre Géneros del Foro Económico Mundial Chile aparece en el lugar 121 del subranking de brecha salarial, entre un total de 134 países. ¿Y qué pasa con nuestros vecinos? Por ejemplo, Argentina está en el lugar 106; Perú, en el 85; Ecuador, en el 80 y Colombia, en el número 100.

-Europa:

Las mujeres también son perjudicadas

En Europa la brecha salarial alcanza un promedio de 15%, a pesar de que en la Unión Europea las políticas contra la discriminación por razón de sexo tiene una larga tradición, que se remonta a los primeros tiempos de dicha comunidad. Desde 1957, el Tratado CEE prohíbe la desigualdad salarial de hombres y mujeres y, desde 1975, la UE ha promulgado varias directivas referentes a la discriminación por razón de sexo. Incluso el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas ha dictado un gran número de sentencias en casos iniciados por estos motivos y las víctimas reciben apoyo financiero y asesoría para llevar adelante un proceso judicial.

Aún así, el Índice de Disparidad entre Géneros del Foro Económico Mundial indica -claramente- que el nivel de desarrollo de un país no está directamente relacionado con una igualdad de sueldos entre hombres y mujeres. España, por ejemplo, aparece en el número 120 en lo que se refiere a brecha salarial; el Reino Unido, en el 78; Italia en el 116; Francia, en el 123, incluso peor que Chile. Según el ranking, países como Austria y Bélgica fueron donde más se amplió la disparidad entre hombres y mujeres en cuanto a los salarios en el último año.

Las mujeres de los países nórdicos viven otra realidad: Islandia está en el lugar número 50, Noruega en el 27, Finlandia en el 47 y Suecia en el 41.

-El caso de las ejecutivas:

¿Malas negociadoras?

Las teorías son muchas, partiendo por la discriminación. Una subgerenta de una antigua empresa nacional -de más de 50 años de existencia- dice que ella no tiene idea de lo que ganan sus pares hombres, que es “un misterio guardado bajo siete llaves”. “No puedo demostrar que hay discriminación -dice- pero todo es secreto, nada se sabe, todos los gerentes son hombres y una mujer llega a subgerenta con mucha dificultad, como lo viví yo. Los gerentes creen que uno trabaja por hobby. Yo le he dicho a mi jefe que no puede ser que piense eso, pero él simplemente no entiende, no le cabe en la cabeza. Él cree que es normal que las mujeres ganemos menos: son visiones del mundo distintas, y que se ven sobre todo en empresas antiguas”.

Pero ella coloca otra tesis sobre la mesa, que también repiten los expertos: las ejecutivas ganan menos que sus pares hombres porque son malas para negociar. La gerenta de marketing de Lan, Andrea Rotman, dice que ella nunca ha sufrido discriminación, pero que efectivamente se pueden ver diferencias de sueldos en algunas empresas, más bien en los mandos medios, en las subgerencias, y no en los altos niveles de ejecutivos. Ella también apoya la tesis de la negociación: “Creo que los hombres presionan más por aumentos de renta, por tener un mejor puesto, mientras que las mujeres, cuando encuentran una estabilidad laboral y hacen lo que les gusta, exigen menos. Al final se van produciendo estas diferencias no por políticas de las compañías, sino que por este proceso natural que se va desarrollando. Si levantas la planilla de una empresa lo puedes ver, es una realidad, pero las mujeres no andan tan preocupadas y muchas veces no se dan ni cuenta de que están ganando menos”.

Rafael Rodríguez, presidente de Seminarium Penroyn, dice que ellos le preguntaron a cien gerentas si les había costado más que a sus pares hombres llegar hasta donde estaban: “El 76% dijo que no”, señala. Y continúa con una tesis “darwiniana” para explicar la brecha salarial, como expuso hace poco en Chile la doctora Helena Cronin, codirectora del LSE’s Center for Philosophy of Natural and Social Science. Rodríguez explica: “En el tema de las diferencias de sueldo hay que tener harto cuidado. Por ejemplo, la estadística a nivel nacional señala que las mujeres ganan 30% menos que los hombres. Pero cuando se comparan hombres y mujeres en los mismos cargos la brecha cae de inmediato a 19%. La doctora Cronin habló de un estudio que se hizo en Inglaterra que determinó que los hombres trabajaban más horas que las mujeres, y si se rigen los salarios por las horas trabajadas, la diferencia de sueldo se reduce en diez puntos. O sea, hay más hombres dispuestos a hacer estos esfuerzos que mujeres. Muchas veces la diferencia se determina por los bonos, la renta variable: por su manera de ser más cauta las mujeres a veces se ponen metas menos ambiciosas o toman menos riesgos y por eso pueden ganar menos. Tomar más riesgos para que les vaya bien a veces no es compatible con su definición de vida”.

Otra teoría habla de la “experiencia acumulada”, de que las mujeres, al salir de sus empresas durante varios meses cada vez que dan a luz dejan de ganar experiencia, lo que no les ocurre a los hombres y por eso se los valora más. El economista del BID Hugo Ñopo señala que “las diferencias en la experiencia acumulada pueden ser exacerbadas conforme las mujeres envejecen y tienen hijos. Los datos muestran que la brecha de ingresos según género es levemente mayor entre las trabajadoras con niños”. Además, lo que se paga es la “experiencia laboral reciente y continua”, por eso una mujer que lleva un año fuera del mercado no puede argüir que tiene la misma experiencia -por los años que ha trabajado – que el hombre que ha permanecido todo ese tiempo acumulando experiencia en su escritorio.

Lo que sí se espera es un cambio generacional y, con eso, una disminución de la brecha salarial. Alejandra Aranda, directora de Humanitas Chile, señala que son las nuevas generaciones de mujeres que están entrando al mundo laboral las que van a terminar con la diferencia, más que la legislación que se acaba de aprobar.