A un año de la marcha “por una educación no sexista” que revitalizó el feminismo en Chile

Sólo en Santiago más de 150 mil personas se reunieron para manifestar el rechazo a la violencia en las universidades, en contra del acoso en las salas de clases y una educación no sexista. Peticiones que también se replicaron en otros espacios.


Por Paulina Sepúlveda en Qué Pasa

Hace un año, el miércoles 16 de mayo de 2018, miles de personas se congregaron  en todo el país en una masiva marcha convocada por las organizaciones estudiantiles, denominada marcha “por una educación no sexista”.

Sólo en Santiago se reunieron más de 150 mil personas, según los organizadores, las que se reunieron para manifestar el rechazo a la violencia en las universidades, en contra del acoso en las salas de clases y una educación no sexista. Peticiones que también se replicaron en otros espacios.

Era la demanda de miles de universitarias. Un movimiento que partió en abril, que luego se masificó y explotó en mayo de 2018. Se le denominó el Mayo feminista. Todas coincidían en rechazar la discriminación respecto a sus pares hombres. Denunciaron además que no contaban con protección frente al acoso sexual y criticaban la educación sexista, tanto en currículos como en el aula.

Primero fue la Facultad de Humanidades de la U. Austral de Valdivia. Se plegaron luego otras universidades. Fueron más 15 casas de estudio con 30 facultades en todo el país.

Gracias a esas acciones que partieron con la petición por una “educación no sexista”, se revitalizó el movimiento feminista en Chile. Alondra Carrillo, vocera de la Coordinadora 8M, resalta que el legado y la relevancia de esas movilizaciones se dio en muchos planos. “Uno de ellos, sin duda, es la masividad y visibilidad que asumió el movimiento y que hizo que el feminismo se volviese ineludible”.

Educación no sexista

En Chile el 53,7% de la matrícula de educación superior de 2018 correspondió a mujeres. Pero las elecciones que hacen hombres y mujeres no son iguales. Ellas ingresan a carreras vinculadas al cuidado de otras personas, como Pedagogía Básica (85%) o Enfermería (82%), profesiones que además tienen menor sueldo. El escenario para los hombres es diferente. Ellos lideran áreas mejor remuneradas, como Ingeniería Mecánica (93%) o Electrónica (92%).

Esas diferencias, muestran los estudios, provienen de la llamada “educación sexista”, que marca diferencias en el modo en que se les enseña a hombres y mujeres en todos los niveles de educación. Enfoque que se basa en estereotipos que se grafican en frases como “las mujeres estudian carreras humanistas y los hombres ciencias”, “las niñas hacen talleres de cocina y los niños de fútbol”, “las niñas son malas para las matemáticas”, entre muchas otras.

Una educación “no sexista”, fue el motor del movimiento, que luego se enfocó también en otras áreas. Algo que ha sido súper relevante para los espacios educativos en la educación terciaria, indica Ana Luisa Muñoz, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica. “Yo creo que avanzamos un siglo. Se denaturalizaron practicas históricamente ancladas como normales en nuestra vida cotidiana. Creo que para mí, el día a día, es el espacio más complejo de disputar desde el feminismo, porque es la disputa por el sentido común, y por más profesionales y pensantes que queramos imaginar las universidades, en la cotidianeidad prima el sentido común, el comportamiento aprendido”.

Que las estudiantes hayan sido capaces de levantar la voz ante los abusos y pedir una educación no sexista, es un gran avance, sostiene Muñoz. “O que las académicas seamos capaces de solicitar que no nos interrumpan y nos dejen terminar las ideas en las reuniones, es un avance”, agrega.

De la misma forma, lo es, dice Muñoz, escuchar autoridades cuestionando aquellos programas donde no hay mujeres como profesoras asociadas y titulares y que el Cruch este tomando medidas interesantes en términos de cuotas. “Es un avance escuchar a colegas preocupados por cuando dicen algo sexista y repiensan lo que dijeron“, sostiene.

Mónica Peña, psicóloga de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales, subraya los avances en los cambios de carácter normativo con creaciones de protocolos, reglamentos, oficinas de género, por ejemplo. “En algunos casos se potenciaron programas académicos de género y/o feministas que van a formar personas en el área, lo que a la larga ayudará a cambios al largo plazo. La participación de los distintos estamentos de mujeres (estudiantes, funcionarias y académicas) fue fundamental para empujar estos cambios institucionales”.

Lorena Friesabogada de Corporación Humanas, que “si bien no es todo el avance que uno quisiera, pero por lo menos ya hay un cierto compromiso de las casas de estudio de Chile por la igualdad de género“.

En otras áreas también se aprecian cambios, dice Fries: “Se crearon dos comisiones, la de equidad de género en el Senado y su equivalente en la Cámara de Diputados, que están articulando todos los proyectos de ley que tienen que ver con igualdad de género, y eso es tremendamente relevante porque se puede tener una visión general de la desigualdad de género que afecta normativamente a las mujeres en el país“.

Masividad

Este mayo feminista es, sin duda, un antecedente de la masividad que se convocó también en el 8M, indica Carrillo, “se trató de un llamado a usar el espacio público, a habitar un espacio público y a través de eso dar un paso al frente para que ya nadie más hable por nosotras”.

Así fue como en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo de 2019, el país fue testigo de la que fue calificada como una histórica movilización: más de 400 mil asistentes sólo en Santiago y 800 mil a nivel nacional.

Marcha feminista en Santiago
MARCHA EN EL MARCO DEL 8M EN SANTIAGO. FOTO: AGENCIAUNO

Luego de la masiva convocatoria del 8M, dice Carrillo, “se ha avanzado en hacer del movimiento social un movimiento permeado por el feminismo, y se ha avanzado en hacer del feminismo un movimiento que convoca a sectores cada vez más amplios y transversales“.

Un gran paso que falta para el movimiento feminista, señala Muñoz, es comprender que el feminismo aún cuando se posicione como tema, “las personas no se convertirán automáticamente en feministas y/o tendremos un termino del patriarcado o el sexismo como estructura de violencia hacia la mujer, eso es importante porque como sociedad tendremos que lidiar con mucha frustración. El feminismo es una tradición intelectual de mujeres que ha durado siglos, y que esta cobrando impulso en un momento que es marcadamente antiintelectual. ¡Y eso es complejísimo!”, destaca.

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