Opinión: Por qué la huelga

Decir que no cabe la huelga es, además, no entender que las mujeres somos sujeto político y que tenemos derecho, como en toda sociedad democrática, a hacer valer nuestros puntos de vista a través de los propios mecanismos que brinda la democracia; la libertad de expresión, la participación social y política y, el derecho a huelga.

Por Lorena Fries, Presidenta de Corporación Humanas

Ad portas de la conmemoración de otro 8 de marzo, el llamado a huelga del movimiento feminista ha generado revuelo en los sectores más conservadores de la sociedad chilena. Desde el Presidente Sebastián Piñera, la Ministras Isabel Plá y Cecilia Pérez hasta un decano de la Universidad de Santiago han hecho ver que la huelga no es necesaria, que la característica de los movimientos de mujeres es que actúan y no se inmovilizan, y/o que la huelga supera el ámbito de lo que ellos llaman una agenda feminista.

¿Por qué incomoda tanto un llamado a huelga proveniente de las organizaciones de mujeres y feministas? En primer lugar porque para la derecha, la huelga sigue siendo una herramienta fundamental para el equilibrio de poderes entre empresarios y trabajadores/as, a pesar de lo deslavada que es en nuestro país. En segundo lugar, porque se encuentra asociada fundamentalmente al trabajo asalariado y la huelga feminista también incorpora a las mujeres que realizan trabajo no remunerado de cuidado y crianza, que es el que mayoritariamente realizamos las mujeres en Chile. En tercer y último lugar, porque si este proceso llegara en algún momento –no este 8 de marzo- a paralizar las actividades que tradicionalmente realizan las mujeres se haría evidente que nuestra sociedad no funciona sin el trabajo que cotidianamente realizamos y cuyo valor no se reconoce. Y eso es un poder que hasta ahora –a excepción de la huelga de las cocinas de las mujeres en el siglo XIX- las mujeres no hemos ejercido colectivamente.

¿Por qué una huelga? Porque la precariedad en que vivimos las mujeres es, sin duda, mayor que la de los hombres. Somos más pobres, tenemos menos acceso a los espacios de poder, nos matan y nos abusan en diferentes espacios por el sólo hecho de ser mujeres, nos pensionamos con un 48% menos que los hombres, porque nos pagan menos que a ellos por trabajos del mismo valor, trabajamos en promedio tres horas más que los varones en tareas no remuneradas dedicadas a nuestros roles de en y sigue y suma. En definitiva la mayoría de las mujeres somos trabajadoras 24/7 y esto no se nos reconoce. Decir que no cabe la huelga es, además, no entender que las mujeres somos sujeto político y que tenemos derecho, como en toda sociedad democrática, a hacer valer nuestros puntos de vista a través de los propios mecanismos que brinda la democracia; la libertad de expresión, la participación social y política y, el derecho a huelga.

Quienes creen que las mujeres sólo debemos “preocuparnos de cosas de mujeres” y no de reivindicaciones que van más allá de eso, no comprenden las causas y las consecuencias que generan las desigualdades de género y que son estructurantes de la subordinación de las mujeres y su perpetuación en nuestras democracias machistas.

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